reflexiones (2020)
de junio de 2020

 

 

  

  

 

 

 

 

Reflexion: 

¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?

La pandemia que hemos sufrido, cuyas consecuencias siguen presentes ha de recordarnos, que en la vida, en el navegar por el tiempo, habrá momentos de tempestad. Momentos en que tememos hundirnos. Si algo, junto a las trágicas consecuencias de enfermedad y muerte generó -genera aún- la pandemia, fue miedo. Nos sentíamos inermes ante lo que sucedía y podía sucedernos.

Y sin tener a dónde ni a quién acogernos. Miedo vivido en soledad. Miedo disimulado ante aquellos con los que convivíamos. Nos sentíamos poca cosa, estábamos como los apóstoles en el texto evangélico acobardados. La pandemia es un ejemplo actual; pero nos encontramos y encontraremos con más situaciones en la vida, en las que la situación dura se nos impone: será enfermedad propia o ajena, será muerte de alguien cercano. Será

 

XIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

 

también experiencias de fracaso de diverso tipo en nuestra vida. O experiencia de una incertidumbre que alberga un porvenir oscuro. Son los vientos y las corrientes contrarios que encontramos en el navegar por la vida. Tiempos de estar acobardados.

Jesús en el texto evangélico se nos muestra exigente: no tienen derecho los apóstoles en plena tempestad a tener miedo, si él está con ellos. Les reprocha que no confíen en él. Esa es la fe: la confianza en quien decimos que creemos. La confianza que supera evidencias inmediatas de impotencia y miedo. Ahí reside el mensaje del texto evangélico. No podemos desconfiar del Dios en quien decimos creer.

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡ 

 

 

 

        

 

 

 

 

 


Reflexion: 

“Una mochila nueva”

Los primeros versículos del capítulo 16 de san Mateo nos relatan la confusión de los discípulos cuando Jesús intenta avisarles del doble juego de los fariseos y saduceos y, como en tantas otras ocasiones, no le entienden. Se encamina con ellos a la región de Cesarea de Filipos, y les confronta con dos simples preguntas: ¿Quién dice la gente que soy yo y quien decís vosotros que soy yo?

Responder a la primera pregunta era fácil, sólo implicaba ponerse al corriente de los comentarios de pasillo, que son tan frecuentes cuando alguien no piensa como nosotros. Pero ¿y la segunda?, la segunda pregunta dejaba al descubierto algo mucho más profundo, ¿qué buscaban junto a él?

Pedro le responde: “Tú eres el Mesías”, una respuesta que no brota de un conocimiento razonado, sino de un enamorad

 

XIII SEMANA DE TIEMPO ORDINARIO

conocimiento, esa fuerza del amor que descubre Jesús en el  

 

 

corazón del pobre Pedro, al que le confía su mismo cuerpo, la Iglesia. “Sobre tu pobreza, tu ignorancia y tu negación yo colocaré la obra de mi Padre, mi propio Cuerpo”.

La palabra clave que Jesús le confía es imprescindible para entrar en su camino de salvación, para ser liberados de nosotros mismos: “edificaré”. El cuerpo de Cristo se edifica sobre la herida de la cobardía, de la búsqueda de poder y de prestigio, todos sin excepción buscaron los primeros lugares y lucharon por conseguirlos; las mochilas de los discípulos están vacías de contenido, pero el perdón y la misericordia las llenó de audacia y compasión y nació la Iglesia como la esposa fiel que recorre el camino de la humanidad sanando y besando heridas.

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡

 

 

 

 

 

      

 

 

 

 

Mis queridos hermanos:

Es posible que queramos pasar página del evangelio de este domingo, porque ya somos cristianos a nuestro modo, no desde la Palabra de Dios. Y si escuchamos, sabemos que la Palabra de Dios puede destartalar tanto nuestros juicios como nuestros comportamientos. El texto evangélico de hoy nos sorprende por su lenguaje duro y por sus enseñanzas: el que quiera más a su padre o a su madre más que mí, no es digno de mí… o a su hijo a su hija… y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí . Es la firma de Jesús. Su doctrina no cabe en la lógica humana, es doctrina que afecta en cuerpo y alma al seguidor de Jesús. El verdadero discípulo de Jesús no pone condiciones.

 

En el primer dicho o afirmación, Jesús nos pide que el amor familiar sea relegado a segundo plano, no que renunciemos a su amor, que amemos a la manera de Jesús, porque el amor familiar mal orientado, frecuentemente esconde un acaparamiento infantil, y la familia se convierte en nido de problemas psicológicos; en ese caso, más que amor es un egoísmo camuflado que busca la seguridad material o afectiva. Cuando dos amores entran en conflicto, uno o los dos están viciados. Todo amor, si es auténtico, no puede oponerse a otro, aunque sí tendrá que tener un orden de preferencias.

 

En el segundo dicho, Jesús afirma: el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí. Estamos muy acostumbrados a ver la cruz en nuestras iglesias, en las calles o a llevarla colgada de nuestro cuello y pocos sentimientos nos suscita, pero cuando Jesús pide a sus discípulos que carguen con su cruz, sabían muy bien lo que escuchaban y es fácil que se echaran a temblar. En aquellos tiempos, la cruz, heredada de los fenicios, era la más abyecta de las ejecuciones, suponía varios días de agudos y prolongados sufrimientos antes de morir. El propósito era amedrentar a quienes no eran romanos para que se abstuvieran de actos criminales. Y cuando S. Mateo escribe el evangelio, los cristianos conocen no solo la muerte de Jesús en la cruz, sino que también conocen la muerte de muchos hermanos crucificados como el ante las afirmaciones que nos presenta Jesús, podemos peguntarnos: ¿cuál es mi actitud como cristiano? Las personas más próximas ¿podrían catalogarme como verdadero seguidor de Jesús? 

 

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

 

Maestro; por tanto, sabían muy bien lo que el Maestro les estaba diciendo. Jesús pide radicalidad, es decir, que nos identifiquemos con él. Hoy son muchos los cristianos que mueren asesinados, pero la cruz tiene también otros muchos aspectos en nuestra vida diaria. El seguimiento de Cristo comporta renuncias y sacrificios. En muchas ocasiones, nos encontraremos ante una encrucijada: aceptar o no la cruz, seguir los valores del evangelio o la comodidad que nos ofrece el mundo. Y ahí está la cruz. Podemos pensar que no podemos soportar muchas de las cruces con las que han cargado los cristianos, pero tanto a ellos como a nosotros el Señor les ha dicho y nos dice: Venid a mí y yo os aliviaré (Mt 11,28), la resistencia no está en nosotros sino en el Señor.

 

Los dos últimos dichos de Jesús manifiestan la importancia de la acogida y de la ayuda al hermano. Cualquier cosa que le hagamos, se lo hacemos al mismo Cristo: El que os recibe a vosotros, me recibe a mí. El que dé de beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños… no perderá la recompensa. Recibir a profetas, justos, y pequeños nos dice también Jesús que va acompañado de recompensa 

 

 

 

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡

 

 

 

 

 

 

 

 

 

     

 

 

 

 

 

Reflexion: 

“Lo que pidamos con fe, se nos concederá”

Mateo nos presenta en este fragmento dos curaciones del Señor, dos ejemplos que atestiguan el mesianismo de Jesús. Por una parte, la curación a distancia del siervo del centurión. Por otra, la curación graciosa de la suegra de Pedro. Dos curaciones que, como es habitual, parten de la fe previa del que solicita la ayuda. El centurión no pide para él, demuestra una gran humanidad y condescendencia. Pide para su sirviente, pero implora con toda la fe y la seguridad de ser escuchado.

Pide desde la humildad, “yo no soy digno de que acudas a mi casa”, pero también desde la confianza absoluta: “basta un sola palabra y quedará curado mi criado”. Esta disposición sorprende incluso al mismo Jesús que reconoce y alaba la profunda fe del centurión: “En

 

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Israel no he encontrado en nadie tanta fe”. La curación de   la suegra de Pedro se nos muestra como una atención familiar.

Cuando Jesús llega a casa de Pedro, ve a la mujer con fiebre, la coge de la mano y la cura. Y la buena mujer se pone a servirles. Dos curaciones que testimoniaban por una parte el poder salvador de Jesús, y por otra la urgencia de la fe para asegurar la salvación. En medio de la enfermedad, la necesidad o la adversidad, la oración y la fe son el argumento para ponernos a salvo. En los momentos difíciles, partir como el centurión de la mirada hacia el otro y del sufragio por sus necesidades, serán el vehículo para poder construir un reino de salvación. Lo que esperamos que cambie y se reconstruya es lo que con nuestra fe, constancia, oración y misericordia seremos capaces de poner en marcha y edificar para los demás.

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡

 

    

 

 

 

 

 


Reflexion:

 

“Si quieres…”

El pasaje evangélico de hoy, nos muestra, una vez más, la entrañable misericordia de Jesús con todos los que se acercaban a él en busca de ayuda, en este caso un leproso: “Quiero, queda limpio”.

Sabemos que la misericordia de Jesús, que brota de su amor hacia todos nosotros, presidió toda su vida… y la sigue presidiendo. Cuando nos acercamos a Jesús nunca hemos de hacerlo con miedo, como ante un posible juez severo que nos va a echar en cara nuestros defectos.

Hemos de acercarnos ante el que, si se lo pedimos, quiere curar todas nuestras heridas, todas nuestras posibles lepras. “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Y en su permanente línea de amor, nos seguirá mostrando el camino para que vivamos nuestros días y nuestras noches con

 

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ilusión, con sentido… y llenará nuestro corazón de esperanza al asegurarnos que después de nuestra muerte nos está esperando para invitarnos al banquete de su amor: “Venid, benditos de mi Padre a disfrutar del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo”.

Un día más, no dejemos de pedir a Jesús que permanezcamos siempre con él, en su amistad, que nos se nos ocurra darle la espalda y adentrarnos por otros caminos. Su camino sabemos bien donde desemboca.

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡ 

 

 

 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 


Reflexion:

 

“No se hundió porque estaba cimentada sobre roca”

No todo el que me dice: “Señor” entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.”

Así comienza el Evangelio de este día. Un mensaje claro: la plenitud de Vida que Dios nos ofrece exige de nosotros cumplir la voluntad del Padre. Por eso me parece importante que profundizamos en este aspecto: ¿Cuál es la voluntad del Padre? ¿En qué consiste cumplir su voluntad?

En primer lugar me gustaría que meditáramos en el hecho de que cada uno de nosotros, la creación entera, existimos como fruto del querer de Dios. “Porque por tu voluntad, lo que no existía fue creado” (Apocalipsis 4,11). En este sentido, el

 

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primer acto de la voluntad de Dios sobre el ser humano es crearlo y entregarle su Espíritu de Vida. Este Espíritu es el que nos hace vivir y existir y nos introduce en la comunión con el Padre y el Hijo a la que estamos llamados.

Sabemos que, como dice de forma tan bella San Ireneo, la gloria de Dios es la vida del hombre. Por eso, la voluntad de Dios no es algo extrínseco al ser humano, sino el motor que le permite desarrollar la Vida de Dios en él. Cumplir la voluntad del Padre, en este sentido, es llevar a plenitud nuestra vida.

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡ 

 

 

 

 

 

   

 

 

 

 

 


Reflexion:

 

“Juan es su nombre”

Desconcierto generalizado ante aquel cambio de nombre. Típico: cuando Dios tiene reservada una misión para alguien, lo primero que hace es cambiarle el nombre. Es una forma de expresar la novedad, porque cada nombre tiene un significado que va más allá de lo puramente familiar.

Por eso, antaño, los religiosos y religiosas, se cambiaban de nombre al iniciar una nueva etapa en su vida. Los papas siguen haciéndolo. Por tanto, no es de extrañar la extrañeza del vecindario cuando Zacarías dijo: Juan es su nombre. Se rompía la tradición familiar. Comenzaba una etapa nueva. Aquel niño, ¿qué iba a ser? ¿qué significado tenía ese giro nominal? Habría de pasar tiempo para saberlo. Juan se convertiría en el eslabón unitivo de esa larga cadena entre lo antiguo y lo nuevo.

 

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Lucas es listo e intuitivo en ver más allá de la

 

inmediatez. A él le han contado algo y hace una narración desde la pedagogía divina; lo que los exégetas llaman “hacer una lectura teológica de la realidad”. Lucas la hace en todo su evangelio.

Es bueno saber qué significa el nombre bautismal que eligieron nuestros padres; y de él, ver si nuestra vida se corresponde con ese significado y comprender mejor nuestra misión en el mundo.

Aunque, la verdad, a veces hay nombres que no suenan muy bien que digamos… Se tratará entonces de que sepamos darle vida y contenido con nuestra personalidad y con nuestros actos… Si lo hacemos bien, pronto veremos que nos “hemos singularizado” más allá del nombre recibido… Claro que no todo podemos someterlo al significado de nuestro nombre, pero sí podemos darle “un estilo nuevo”. 

 

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Reflexion:

 

“Hacer el bien siguiendo a Jesús, aun cuando resulte penoso”

La puerta que abre a la vida es estrecha y el camino que conduce a ella es también penoso.

Jesús se está refiriendo a las penalidades que tendrán que soportar los discípulos para entrar en la vida, es decir, para disfrutar de la dicha que les prometió al hablar de las bienaventuranzas al comienzo de su discurso. El sermón del monte tiene exigencias radicales para sus oyentes; entre otras, la urgencia de seguir a Jesús, con los riesgos que de ello se derivan.

Como resumen de todo el sermón del monte, Mateo inserta aquí la regla de oro que aparece en diversos pasajes de la Escritura y en la que se concentra en cierto modo todo el pensamiento

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traten; en esto consiste la ley y los profetas”. Se nos invita a tomar la iniciativa de hacer el bien, independientemente de lo que hagan los demás y sin esperar ninguna compensación por nuestro comportamiento. Si eso nos proporciona un trato amable por parte de los otros, bienvenido sea, pero no es lo que pretendemos en primera instancia. Hacemos el bien porque eso es bueno, y además porque así es como ha obrado siempre Jesús, que “pasó haciendo el bien”.

En resumen: ¿Confiamos en Dios también cuando nos va mal? ¿Tratamos de hacer el bien, cueste lo que cueste?

 

 

!QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡ 

 

  

 

 

 

 

 


Reflexion:

 

“No juzgues ni condenes a nadie, pero adviérteles como verdaderos hermanos”

Las palabras de Jesús no imponen a sus discípulos la prohibición de formarse un juicio moral sobre la conducta del ser humano, lo que condena es todo intento de corregir a los demás antes de haberse aplicado a sí mismo esa norma de conducta. Juzgar se entiende por la inclinación que experimenta el ser humano a criticar y a encontrar defectos en el prójimo. El que no quiere saber nada de autocrítica ¿cómo puede ayudar a los demás? Quien practica la crítica implacable pierde toda lucidez.

La viga en el propio ojo es la falta de amor con que se juzga a los demás, que impide toda visión objetiva. El primer paso es la sincera evaluación de las propias limitaciones. Sólo el que logra superar sus fallos personales puede alcanzar una visión suficientemente aguda como para ayudar a sus

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semejantes. Mira cómo queda tu corazón: “El fruto de la paz – dice S. Ambrosio-, es la falta de confusión en el corazón”.

La salvación de cada ser humano se nos encomienda

“Hipócrita, ¡sácate primero la viga de tu ojo, y entonces…”. No es que cada uno vaya a lo suyo. La viga en tu ojo te impide para sacar la mota del ojo de tu hermano. El sacarse la viga no es sino para poder servir al hermano. El fin no es que no sufras la molestia. No es caer en el “ése es su problema”. Eso no es cristiano. Dios quiere la salvación de todos los hombres. La salvación de cada ser humano se nos encomienda. Es algo mucho más delicado que el sacar una “mota”…, el fin es poder servir al otro para su salvación.

 

 

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Reflexion:

 

“Se volvieron a Jerusalén buscándolo”

Dentro ya del tiempo ordinario, celebramos la solemnidad del Inmaculado Corazón de María, y en este día, la Iglesia nos proclama esta lectura, este pasaje muy conocido, y que tal vez por eso, se nos escapan muchas de las cosas que nos dice.

María, junto a José y a su hijo, va a cumplir con lo que dictan las leyes de su pueblo.

Peregrinan a Jerusalén.

A la vuelta se dan cuenta de que su hijo no está, tienen que cambiar de sentido, volver a Jerusalén a buscarlo.

Y continúa con la conversación de Jesús y sus padres, en la que él mismo manifiesta quién es y para qué está ahí.

Y María guardaba todo en su corazón.

 

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Peregrinar, cumplir, cambiar de sentido.

Estas acciones nos invitan a una conversión del corazón.

Cumplimos, sí, vamos a misa, estamos comprometidos en muchos apostolados, queremos a Dios, somos cristianos…, pero hoy debemos cambiar de sentido en nuestra peregrinación, debemos volver a Jerusalén, y preguntarnos qué Dios hay en nosotros, qué es lo que tenemos que cambiar. Volver a Jerusalén es volver a su Palabra, volver a la verdadera misión que Dios tiene para cada uno de nosotros.

Y allí, junto a Él, tendremos a María, a su Inmaculado Corazón que nos invita a depositar en ella todo lo que llevamos en el nuestro.

 

 

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Reflexion:

 

“Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”

De muchas maneras podemos denominar a nuestro Dios: El Todopoderoso, el Altísimo, el Creador del universo… pero la descripción más certera nos la da san Juan: “Dios es amor”. Y esa es también la mejor manera para saber quién es Jesús, el que es Hijo de Dios, el que es igual al Padre y, por lo tanto, también es amor.

Dios Padre y Jesús no saben más que amar. La mejor manera de demostrarnos lo mucho que Dios Padre nos quiere es “que mandó al mundo a su Hijo único”. El que también, después de su muerte y resurrección, nos envió al Espíritu Santo. Somos morada de Dios: Padre, Hijo y

 

XI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

 

Espíritu Santo habitan en nosotros. Dios ha llenado nuestro corazón de su presencia y de su amor. Jesús es para nosotros el más cercano de los tres, puesto que se ha hecho uno igual a nosotros, ha vivido como hombre, ha amado como hombre, ha sufrido como hombre, nos ha hablado como hombre… vivió su estancia terrena como uno de nosotros y pensando en nosotros gastó y desgastó su vida para indicarnos el camino del sentido, de la esperanza, de la felicidad tan deseada.

La lección que nos quiere dar Jesús en esta fiesta de su Sagrado Corazón es clara: Tenéis que amar a los demás como yo os he amado.

 

 

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Reflexion:

 

“Dios padre-madre”

El Padre Nuestro es mucho más que una oración de petición. Se ve como probable que el núcleo de la oración se remonte al mismo Jesús. Esta forma de dirigirse Jesús a Dios como Padre, expresa toda la riqueza y hondura con la cual Jesús vivió la relación filial con su Padre, su modo de experimentar a Dios. Abba como expresión de cariño, confianza, ternura que son también atributos de Madre. Manifiesta así mismo, la nueva relación con Dios que debe caracterizar la vida de los creyentes. (Gal 4,6; Rom 8,15)

A pesar de ser una oración tan repetida, se nos invita a no caer en la rutina, a crear un espacio interior desde donde captar toda la hondura que se expresa en la palabra Abba “papaíto” A abrir nuestro corazón a la caricia de Dios y desde ahí, abrir nuestros labios para el diálogo con Él.

Pero si la palabra PADRE nos pone en conexión con nuestro ser más profundo y desde ahí entrar en intimidad con el Abba, la palabra NUESTRO nos conecta con todos los seres humanos, nos invita a sentirnos miembros de una comunidad mayor, a entrar en sintonía con los gritos de la humanidad, nos llama a estrechar, con acciones concretas, nuestras relaciones para hacerlas mas fraternas, para que “nada de lo humano nos sea ajeno” y solo así, dispuesto nuestro corazón para acoger esas dos experiencias, iniciamos nuestra oración diaria PADRE NUESTRO.

 

 

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Reflexion:

 

“Oración, ayuno y solidaridad limitadas”

El Evangelio comienza diciendo: “Cuidado de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos”. A veces, eso que llamamos nuestra justicia se transforma en desquite, venganza, narcisismo… Es como tomarse la justicia por su cuenta. No podemos pretender ser un escaparate donde se exponen nuestras formas de vidas, pero de alguna forma lo somos, cuando queremos ofrecer un testimonio del amor de Dios.

La propuesta de Jesús es la oración en silencio, apartada, sin escaparates, una oración sincera, que tenga que ver sólo contigo y con Dios. Este tipo de oración necesita de una justa intimidad, porque requiere de la lealtad y la fidelidad, de la constancia y la cercanía.

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Otra propuesta de Jesús es el ayuno. No por razones terapéuticas, sino como una manera de sentir en tu piel las necesidades del pobre: hambre, desnudez, vulnerabilidad, desconsuelo… Sentir en tu piel las necesidades del pobre nos ayuda a comprender su situación, y a medir nuestras fuerzas y recursos para el compartir.

Y la limosna, entendida como el servicio solidario que prestamos desde la caridad, compartiendo con los más necesitados nuestros recursos, practicando así las obras de misericordia: dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, consolar al triste…

 

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Reflexion:

 

“No he venido a abolir sino a dar plenitud”

No llega Jesús a derribar lo que está en pie, sino a levantar las tiendas caídas de Israel. Ha venido a llevar a la humanidad a la plenitud de su existencia. De ahí la exigencia de una mayor perfección. Marca la diferencia al colocar nuevamente en su lugar a Dios. En el centro de la vida, lugar del que ha sido retirado para situarse el hombre. Cuando esto ocurre aparecen las mayores contradicciones.

Por eso Jesús, en el sermón de la montaña lleva a su máxima expresión los mandatos de la ley. “Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y aborrecerás a tu enemigo...” Esto parece que tiene carta de ciudadanía. Nos limitamos a atender a los

 

SEMANA DE CORPUS CHRISTI

 

 

que son de los nuestros. Favorecer a los que piensan y sienten como nosotros y a veces da la impresión que esto es compatible con el Evangelio. Nos puede ocurrir lo que a los letrados y fariseos: desconocen la misericordia y se centran en los que son sus disposiciones y tradiciones. Hay que amar a los que nos persiguen y calumnian. Hay que amar a todos.

Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo

Se trata de seguir el ejemplo que nos da Dios que en Jesucristo se ha revelado como la norma de vida para todo ser humano. No puede ser de otra manera. Sed santos porque yo, vuestro Dios, soy santo. Mirándose en él, la letra ya no está muerta ni mata, porque habiéndonos centrado en él, su vida es nuestra vida.

 

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