St.  John  the  Evangelist Catholic  Church

8908 Old Branch Avenue, Clinton, MD 20735  

 

reflexiones  de noviembre 
de(2020)

 

  

 

 

 

 

 

 

Reflexion:

 

"Abolir la ley o a darle plenitud"

En tiempos de Jesús, había gente que se distinguía por su adhesión a la ley, pero convirtieron la ley en una esclavitud para el ser humano. Jesús se sentía libre para actuar según la voluntad de Dios, pero no se sentía sujeto a lo absurdo de cuantos convirtieron la ley de Dios en una injusticia para el hombre: demasiados enfermos y mujeres declarados impuros; marginados en virtud de la aplicación de unos preceptos, que habían crecido en número queriendo mejorar la vida piadosa de la gente.

Sin embargo, Jesús no quería abolir ningún precepto. Al contrario, venía a dar plenitud a la ley que estableció Dios por medio de Moisés. La cuestión es cuando la Ley margina, o permite quitar bondad a la vida de los hombres. Jesús siempre opta por el bien de la

XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

humanidad que transita por los caminos de Dios.Dar plenitud es dar sentido a los criterios con los que uno se

rige en la vida, sentido a su libertad, a su amor, a su coraje y fuerza para vivir. Dar plenitud es comprometerse con la vida que uno tiene entre sus manos, y que la libertad no sea una justificación para ello. Dar plenitud es mirar la vida con los ojos de Dios, y ponerse en la piel del que sufre. No puede importar más el sábado que la sanación de un enfermo. No puede importar más el precepto que la dignidad de un hermano.

Miremos a nuestro alrededor, y fijemos la mirada a cuantos hemos llamado pecadores y hemos negado nuestra palabra, nuestro consuelo, nuestra compañía, nuestra ternura. Exigimos demasiado al otro porque hemos visto pequeñeces en él. Pero somos incapaces de ver la viga que no nos permite mirar a cuántas personas viven esperando consuelo.

 

   !QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡        

     

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Reflexion:

 

"Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa"

El texto evangélico nos presenta a alguien que sintió la llamada de Jesús y le abrió sus puertas y le sentó a su mesa. Y no era el modelo reconocido de judío. Por el contrario, quien estaba al servicio del poder opresor, de los romanos: pecador público

Para ese encuentro con Jesús, es imprescindible sentirse atraído por él. Al menos hacerse preguntas sobre él. Que no pase por nuestros caminos, por nuestra historia desapercibido. Y, aunque el discurrir de las circunstancias, otras preocupaciones puedan ocultarlo, como la gente a Zaqueo, porque somos cortos de estatura o de vista, buscar la atalaya desde donde podemos encontrarnos con su mirada. Un lugar distinto de aquel en el que el discurrir de personas y asuntos de cada día no nos permiten divisarle. Dicho al modo del texto evangélico, colocarnos donde Jesús ha de 

 

 

XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

pasar. Verlo, por ejemplo, en el sencillo, el necesitado, en el orante sincero, en la celebración eucarística, en la escucha su palabra… No solo verlo, dejarse ver por él. El también mira, porque busca, quiere compartir mesa, que dice el texto del Apocalipsis de la primera lectura.

La presencia de Jesús es salvadora. No es un premio a quien la “merece”, responde a la búsqueda de quien no la “merece”, del pecador. De quien necesita salvación. Del pecador que intenta, como Zaqueo, superar su pecado, atendiendo, por ejemplo, al pobre.

Como resumen de las lecturas de la eucaristía de hoy, podíamos preguntarnos: ¿Nos gusta sentar a nuestra mesa a Dios, a Jesús; aunque nos reprenda, porque sabemos que la salvación está en él?

 

   !QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡        

      

 

 

 

 

 

 

 

Reflexion:

 

¡Jesús, hijo de David, te compasión de mí

El Evangelio de hoy nos narra la curación del ciego de Jericó. Una persona pobre, ciega, que cada día su única tarea es ponerse al borde del camino y pedir limosna para su sustento. Pero hoy su sorpresa será grande, sin él saberlo algo va a cambiar en su vida; de momento oye algo extraordinario, pasa gente, más de lo habitual y pregunta, se interesa por el acontecimiento y le explican: “Pasa Jesús Nazareno”.

Entonces gritó: “¡Jesús, hijo de David, te compasión de mí!”, un grito que arranca de su ser, un grito desgarrador del ciego y una fe plena en Aquel que pasa; él no ve con los ojos corporales, pero interiormente siente que le puede curar. Y como le mandan callar, grita más fuerte: “¡ten compasión de mí!”, no pide otra cosa que compasión y misericordia.

Cuando estuvo cerca, -Jesús no es un Dios lejano, de distancias, que no podemos

 

XXXIII SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO

 

abarcar, sino de cercanía e intimidad-, y le pregunta, nos pregunta: ¿qué quieres que haga por ti? ¿Qué necesitas? ¿Qué te angustia? ¿Por qué gritas? Siempre nos pregunta, nunca nos impone, nos escucha; ¿crees que puedo hacerlo? El ciego responde: “¡Señor, que vea otra vez! Pues que se haga según tu fe. Recobra la vista, tú fe te ha curado”.

Ahora no sólo verá con los ojos corporales, sino con los ojos de la fe, su vida ha cambiado sigue al Maestro, glorifica a Dios y por él todo el pueblo.

Este sencillo y profundo grito de misericordia y compasión es el que está saliendo del corazón de todos los cristianos y quizás de personas no creyentes, que necesitamos de esa ayuda de Dios en estos meses duros que vivimos en todo el mundo por el Covid-19.

 

   !QUE EL SEÑOR LES BENDIGA¡        

      

 

  

 

---------------------------ARCHIVIDO DE REFLEXIONES (2020)-----------------------------

 

abril mayo junio julio agosto septiembre octubre noviembre  diciembre